CARTA PARA LOS ENVIDIOSOS, CARTA PARA MÍ.

La envidia es aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores, etc.

SÍ, DEFINITIVAMENTE YO SIENTO ENVIDIA Y QUE MUCHO ME CUESTA ADMITIR!

Pero no siempre fue así. Cuando tenía 4 o 5 años me acuerdo que no encontraba diferencia entre niveles sociales entre mis amigos o si sus padres estaban divorciados o juntos. No quería cambiar mi color de pelo ni tener una mejor casa. No había nada de malo conmigo, con lo que tenía puesto, como me veía. Estaba felíz con como el mundo era.

Pero en qué momento cambió eso? Qué paso? En qué momento comencé a juzgarme, compararme y querer cambiar mi realidad? En qué momento dejé de aceptarme a mí y al mundo con todas sus diferencias?

Yo creo que habrán sido un cúmulo de situaciones. Recuerdo algunas muy sencillas pero bien claras de mi infancia.

Como cuando a los 8 años un compañerito del cual yo estaba “enamorada” se puso de noviecito con la más linda de la clase y yo comencé a sentir que no era suficientemente linda, que debía parecerme más a ella para que me acepten.

O la voz de una profe quejándose: “Señora, tu hija es demasiado acelerada ya!”; algún primo diciendo que yo era una pesada o compañeritos riéndose de mí por que era muy machona.
Situaciones así de pequeñas fueron tejiendo una red de percepción de que había algo malo conmigo, algo que arreglar constantemente para que me quieran y acepten.

Me dolía sentirme rechazada y fuí descubriendo que si me sacaba buenas notas mi mamá no me retaba, si era la mejor en atletismo mis compañeritas me respetaban, admiraban o si pintaba el mejor dibujo la profe me daba la mejor nota.

Si yo lograba ser la mejor en todo lo que hacía nada iba a ver mis “defectos”.

Como todos, había cosas en las cuales yo era naturalmente talentosa. Las disfrutaba, pero casi siempre iban teñidas de una presión por ser aprobada.

Y para saber si era la mejor o que estaba haciendo un buen trabajo tenía que compararme constantemente. Ahora me acuerdo que en las actividades en las que yo no era la mejor, me sentía menos, comenzaba a envidiar, yo paraba de practicarlas.

Creo que todos aprendemos el mecanismo de protegemos del rechazo exterior o del propio criticando a los demás.

Yo criticaba a mis compañeros de colegio y algunas veces los hacía sentir mal para yo poderme sentir mejor. Pero yo no me sentía bien haciéndolo y mi corazón siempre se acordaba de lo que sí me hacía sentir bien, de esa nena de 5 años que percibía todo con amor propio y amor hacia los demás.

Pero cómo vuelvo a eso? Me pregunté cuando me mudé a un colegio nuevo.
Nuevas amistades, nuevas oportunidades, nueva Nicole.

Intenté probar hacer lo contrario. Fuí de lo mas generosa, buena, y empática que pude con los demás. Traté de ocultar cuando me comparaba, criticaba o sentía envidia. Pero adivinen qué? Igual, volvía a generar relaciones de críticas, competencia y envidia en mi vida. 

Una vez más me dije, cómo vuelvo a eso Nicole?!

Cuantas veces dije y escuché decir a la gente: “Qué?! Yo no tengo nada de envidia! Como se te ocurre!”. Mientras que claramente podía percibir en la manera de mirar y hablar una indiscutible envidia.

Yo estoy segura que el 99,99999% de la humanidad se compara, se siente menos y por ende envidia.

Después de mucha introspección me dí cuenta que la envidia no es algo por lo cual estar avergonzados, algo que suprimir y ocultar. Inclusive es al revés!

LA ENVIDIA EN REALIDAD ES UN GRAAAANNN MAESTRO!!!!

Voy a recurrir a este ejemplo.

Yo participé en muchos concursos de belleza. Y que buena idea Nicole!!!! Justo la competencia máxima de cientos de mujeres una más hermosa, inteligente y preparada que la otra. Genial Nicole, andá directo al pozo!!

Acompañada de mucha meditación y predisposición decidí usar a la envidia a mí favor.
Cada vez que mi mente empezaba a criticar a una de ellas (“Esa Miss Venezuela seguro que compró el concurso ja ja ja”!!) o criticarme a mi misma por no ser igual de inteligente o estar más preparada.

Cada vez que mi cabeza comenzaba a sentir envidia:

  • Primero, yo apreciaba y admiraba 3 cosas de esa mujer (A veces más por que se merecían jaja) hasta que naturalmente empezaba sentirme tan feliz por las cualidades de esa persona que podía comenzar a ver todo eso en mí también.
  • Y segundo ví que capaz yo no era tan inteligente o hermosa como esa persona pero que en realidad no importaba por que yo al apreciar sentía amor y aceptación por mi misma, tal como estaba, así de no “perfecta” o ideal para los estándares.

La inocencia de apreciar me hacía volver a mi Nicole de 5 años.

A sentir que en realidad había belleza, inteligencia, felicidad, abundancia en y para todos.
Obviamente convivir con 130 mujeres espectaculares de todo el mundo por meses les prometo que fue un entrenamiento constante. Por que la cabeza cumple su trabajo de comparar, calcular y controlar todo el tiempo.

Pero poco a poco comencé a sentir una seguridad dentro mío que no dependía de si me estaba yendo bien o no, si era más linda o la más exitosa. Comencé a sentir una seguridad más INCONDICIONAL adentro. A sentir más libertad en ese apreciar mi mundo externo y más importante, el interno.

Mudarme a Los Angeles, la MECA de la competencia fue y sigue siendo una muy buena oportunidad para ser incondicional conmigo misma.

“Creo que esta chica te envidia!” me dijo una amiga (no la del post pasado jaja).

Mi ego se infla hasta la luna pero adentro mío en realidad tengo miedo, me incomoda y me separo de la otra persona. Muchas veces dejamos de ser nuestro 100% por miedo a que alguien nos haga daño. Pero la envidia es humana! Y el mayor daño que podés hacerte es dejar de ser vos en todos los aspectos. Da miedo, pero ahí esta la felicidad y donde viene la inspiración!

El mundo te muestra constantemente patrones ideales de belleza y éxito. Que si no los lográs, sos menos y si los alcanzás, sos más que lo demás. Pero son solo ideas en nuestra mente!
La mente compara, controla constantemente y no la podemos cambiar. Pero de nuevo podemos utilizar sus patrones a nuestro favor.

LA ENVIDIA Y LA COMPARACIÓN SON LA ALARMA PARA DARME CUENTA DE QUE ME TENGO QUE VALORAR Y AMAR ASÍ MISMO COMO SOY EN ESTE MOMENTO.

Un abrazo,
Nicole