YOGa ISHA


Desde nena siempre fui catalogada como hiperactiva y acelerada. Amaba trepar a los árboles, correr por corredores del colegio y de tanta energía que tenía mi mamá me hacía practicar voleibol, tenis, futbol, atletismo, basket, taekwondo, handbol, baile, etc. No había nada en este mundo que disfrutase más que practicar deportes. Y definitivamente la adrenalina y las endorfinas siempre fueron infaltables en mi vida.

Pero de adolescente mi relación con la actividad física comenzó a cambiar. Entre el modelaje y la presión de llegar a tener el cuerpo ideal, el ejercicio poco a poco se convirtió en una obligación para lograr un objetivo a veces inalcanzable. 

Por ejemplo, para los concursos de belleza tenía que llegar a ciertas medidas ‘ideales’. Y aunque las lograba y me sentía orgullosa por el esfuerzo, siempre había algo más que mejorar, nunca era suficiente.

Y es así como la prioridad de mis entrenamientos pasaron de ser juegos para conectarme y disfrutar de mi cuerpo a una tarea obligatoria diaria encerrada en un gimnasio calculando pesas, minutos, cantidad de calorías quemadas y zonas del cuerpo específicas que ‘mejorar’ interminablemente. 

Así es como también empecé a lesionarme constantemente. Un día era la espalda baja, la rodilla, otro día el talon o el codo. Siempre había una parte de mi cuerpo que me trataba de frenar y decir algo, pero yo no escuchaba.

La satisfacción del ejercicio físico en realidad solo la sentía al obtener el resultado propuesto pero no durante. El ‘durante’ era empuje rígido y sacrificado, llevando mi cuerpo hasta el límite con movimientos rápidos y casi inconscientes cubiertos por música a todo volumen. Era tan rígida que si no hacia ejercicio un día me juzgaba y hacia el doble de ejercicio al día siguiente.

Después de mi última lesión en la rodilla derecha practicando cross-fit, un amigo finalmente me convenció de ir a una clase de yoga. “Ni loca, me muero de aburrimiento”, le dije. Sin muchas ganas fui a esta clase y mi percepción del Yoga cambio totalmente.

Me impactó tanto que, después de una año de esa clase, en Setiembre de este año me recibí de maestra de Ashatanga-Vinyasa yoga.

Los movimientos lentos pero intensos, combinados de respiración y anclados en un fluir con poses de Yoga desafiantes pero a la vez suaves, me encantaron. Cada pose tenía un propósito revitalizante para el cuerpo y la salud.

Esa inocencia de escalar árboles que en mi infancia se había perdido, la comencé a sentir con el Yoga. A reconciliarme con esa sensación de conexión, disfrute y juego!

Esta es la diferencia: pase de imponer movimientos a mi cuerpo, hacer ejercicio desde un lugar de ego rígido y hasta casi violento conmigo, a escuchar lo que necesita, quiere y el lugar en el hoy se encuentra. 

El Yoga para mi es como una conversación con mi cuerpo!

Antes me lesionada con frecuencia porque estaba tan concentraba en llegar a la meta en lugar del proceso. 

EN EL YOGA EL PROCESO YA ES LA META!

Creo profundamente que el ejercicio tiene que ser divertido, consciente y donde los resultados físicos no sean la única prioridad. 

Me enojo tanto cuando escucho a amigos decir con obligación que tienen que ir al gimnasio o cuando veo a la gente levantando pesas como una máquina, totalmente desconectados. No digo que no vayan al gimnasio, sino que te preguntes si realmente lo disfrutas.

Por que yo sé que todos podemos descubrir una ejercicio como es el ‘Yoga’ en mi caso.

Si no te gusta el ejercicio físico que realizas seguí buscando que vas encontrar algo que te apasione y te haga sentir libre porque el cuerpo lo siente y algunas veces aunque se vea ‘bien’ por fuera por dentro no lo esta.

Para mi el Yoga es la conversación con mi cuerpo!

Que es lo que quiero lograr con el Yoga?

A los 18 años fui a un centro de meditación a vivir por 6 meses. Tenía la sed de conectarme conmigo misma y desarrollar mi inteligencia emocional.
Rápidamente me di cuenta que la única manera de amarme incondicionalmente era a través de la suavidad. Lo opuesto a lo que la sociedad me había inculcado toda mi vida.

Luego de muchos años de diaria meditación y enseñar este sistema de liberación de stress en prisiones, compañias, orfanatos, etc. Comencé a desarrollar un espacio estable de paz, silencio y paciencia interna. Pero todavía tenia que encontrar esa suavidad con mi cuerpo y fue ahi cuando el Yoga cumplir su función.

Qué me gustaría crear?

Enseñando y practicando, seguir descubriendo esa profunda conexión incondicional de aceptación y suavidad con mi cuerpo ayudando a otros a sentirlo también.

Desmitificar la creencia que el Yoga no es un ejercicio completo, aburrido y hasta demasiado “espiritual”.

Combinando Ashtanga-vinyasa yoga y el fluir de los movimientos de la danza con técnicas prácticas de liberación de estrés que no interfieren con ningún tipo de sistema de creencias o religión.

Creo profundamente que cada ser humano debería practicar Yoga. Es una combinación maravillosa de trabajo físico intenso, sanación del cuerpo y alma mientras te vas conociendo en profundidad.

ES UN REGALO PARA EL ALMA.

CUANDO PRACTICAMOS YOGA NOS ESTAMOS DANDO A NOSOTROS MISMOS Y AL MUNDO!